Leonardo Funes

hispanismos

de profesión, letras

humanismo y creatividad

1) Hispanismos

¿Qué estás investigando ahora?

Estoy investigando la relación entre las crónicas medievales y las crónicas de Indias, a raiz de que aquí en la UBA, desde hace unos años, un grupo de gente que está trabajando con Beatriz Colombi -que quedó a cargo de la cátedra de Literatura Latinoamericana I -, empezó a dedicarse a literatura colonial y dentro de ella, a crónicas de Indias. Tuve ocasión de entrevistarlos para la admisión al doctorado y eso despertó mi interés en el tema.

La tradición previa de los estudios latinoamericanos era una tradición muy discutible, para la cual la novedad del mundo americano era tal que no tenía ninguna relación con el pasado. Todo habría empezado de cero con el descubrimiento de América, todas las tradiciones literarias del período colonial eran absolutamente novedosas y no tenían relación alguna con el período anterior, hispánico. A punto tal que, de hecho, hay una maestría en Filosofía y Letras de la UBA que se fundó en este prejuicio, que es la Maestría de Literatura Española y Latinoamericana, donde la literatura medieval no está incluida, porque se entiende que no tiene nada que ver con lo que pasó después.

Yo siempre estuve en contra de esa concepción de la historia literaria latinoamericana. Decidí no tener simplemente una opinión en contra, sino fundarla científicamente. Empecé a investigar este tema para demostrar cuánto de la literatura latinoamericana, naciente aquí en el periodo de los ss. XVI y XVII, estaba en relación con la literatura medieval como tradición previa.

 

Procedimientos

LF: Antes de comenzar una línea de investigación, es muy común formular una cantidad de preguntas, de temas a investigar, de posibilidades de desarrollo. El mejor modo de concretar es dando un seminario.

Mi trabajo actual lo inicié de esta manera: di un seminario de doctorado, al que asistieron doctorandos que estaban trabajando estos temas con Beatriz Colombi. También vino gente de la carrera de Historia, además de estudiantes de literatura medieval: fue un seminario con gente muy variada. En esas discusiones se empezó a poner más en claro cómo investigar, qué hipótesis se sostenían, cómo trabajar con esa cuestión.
 

 

En relación con este prejuicio sobre un corte radical entre un pasado medieval hispánico y una cultura latinoamericana, ¿dónde creés que se origina?

En principio, en la idea de que la novedad absoluta del mundo americano, como una realidad geográfica y cultural impensada e insospechada en el período medieval, sólo puede ser entendida en relación con la cultura entonces contemporánea: el Renacimiento y la Modernidad Europea. La novedad del contenido traería aparejada, como una especie de resultado mecánico, una absoluta novedad en todos los órdenes: formales, genéricos, etc.

Mi hipótesis es que, si bien el contenido es novedoso, el modo de contarlo, el modo de reflexionar sobre eso, se hace en principio y durante bastante tiempo sobre la base de tradiciones prevías que venían de la época medieval.

¿Cuál sería entonces el primer quiebre claro con la tradición medieval hispánica?

Con el Barroco tenemos un corte importante. Avanzado el siglo XVII, las tradiciones medievales quedan sepultadas en la memoria. El primer punto de diferencia aparece en las crónicas mestizas de ese siglo, escritas por cronistas indios que adquieren una formación letrada de base hispánica, pero que a su vez tienen una memoria oral específicamente indígena. Escriben estas crónicas sí, en castellano y con las formas retóricas de la tradición europea, pero con perspectivas indígenas. De ahí su nombre. Es un mestizaje cultural.

 

En ese sentido, ¿puede la tradición hispánica ser parte de una identidad latinoamericana?

Si, por la lengua. La cuestión de la lengua es un punto muy fuerte que nos impone tener en cuenta el lugar de la herencia hispánica. La identidad latinoamericana se construye con la tradición hispánica como uno de sus componentes básicos. Me parece que es un elemento imprescindible para entender exactamente cómo nos constituimos.

También es cierta la enorme diversidad que implica la cultura latinoamericana. Tan diversa es la identidad latinoamericana del Cono Sur en relación con lo que ocurre en el mundo del Caribe, en el bloque andino, en México. De algún modo reproduce a una escala continental las diferencias regionales del mundo hispánico.

 

 

¿Te parece que existe una tensión entre el estudio del hispanismo y el discurso latinoamericanista que se apoya en la autonomía local y pone en valor el lugar de los pueblos originarios?

Ese es un conflicto permanente para quienes nos dedicamos a esto. Es decir, nosotros estamos estudiando un objeto exclusivamente europeo. Más aún en mi caso, que, al estudiar Edad Media, estudio un período de la cultura, de la historia y de la literatura españolas donde lógicamente no hay en el horizonte ni siquiera la sospecha de que existe América. Allí la discusión no pasa por el lado del objeto sino por el lado de la práctica y la mirada con respecto a ese objeto.

Evidentemente el estudio de ese objeto desde el ámbito americano, desde el Cono Sur específicamente, habilita un abordaje inevitablemente distinto al de los propios españoles, y aun al de otros hispanismos. Es lo que permite que no suceda que un colega español diga “ningún americano va a venir a enseñarme a mi cuál es mi propio pasado”, algo que podría suceder, sobre todo porque he escuchado mucho localmente que se diga "ningún norteamericano va a venir a explicarme a mí qué es la tradición argentina". También esto es un error.

Sin embargo hay en España una gran mayoría que es más abierta, que entiende que cuando nosotros hablamos de ese objeto, del mundo hispánico medieval, lo estamos haciendo desde un lugar diferente y aportamos al diálogo una mirada para ellos inhabitual. Ese es el punto.

Al afrontar estos temas de conexión entre las crónicas medievales y las crónicas de indias, con especialistas de un lado y del otro, latinos mayormente y algunos españoles, cuando llega el tema del genocidio español sobre la población indígena en el siglo dieciséis, por vía de la explotación o por vías biológicas, me encuentro con que el tema aún se está peleando como lo peleó el Padre las Casas en el siglo XVI. Es decir, los españoles tienden a no hacerse cargo. Yo no puedo creer a esta altura del partido que se diga “no, esos fueron unos loquitos que hicieron algunos desmanes pero, con la mayoría de los conquistadores todo bien, quisieron llevar la civilización” y qué se yo.

¿Y del lado de los pueblos originarios?

No tanto aquí en Argentina, pero sí me ha tocado presenciarlo en México, donde la cosa es más complicada: allí hay una afirmación más generalizada de la identidad indígena en contraposición a lo hispánico.

Por citar un caso, estuve en un congreso de hispanistas en Monterrey -y eso que Monterrey es una de las ciudades más pro europeas de todo México, y justo en el Instituto Tecnológico de Monterrey, que es un enclave norteamericano en el medio del territorio mexicano- y hubo una manifestación, nos hicieron un "escrache", por decirlo así, por ser hispanistas, por ser americanos estudiando España. Ahí la cosa es más fuerte, aquí no he tenido ese grado de impugnación a mi tarea.

¿Y con colegas que estudien raíces indígenas en America?

Bueno, habría dos vertientes. Con los que estudian las raíces indígenas americanas no hay diálogo, ellos estudian lo suyo sin importarles lo que nosotros estudiamos, y no hay contacto.

Pero por otro lado empieza a existir una visión más matizada de los cruces a partir del mestizaje. Aquí hay un dato histórico, un acontecimiento trágico que condenamos, pero por otro lado hay un desarrollo histórico del que nos hacemos cargo, venimos de ahí. El asunto es cómo trabajamos ese pasado. Es decir, si yo hiciera una investigación que buscara generar un estudio celebratorio del proceso civilizatorio hispánico en América, además de estar loco estaría realizando un trabajo absolutamente impugnable. Pero hay posibilidades de avanzar en el estudio de esa cuestión dando cuenta de todas las contradicciones que ello lleva, sin necesidad de callar ninguna de las aristas terribles que tuvo el proceso.

¿Vos ves que esta línea de investigación acerca de las herencias coloniales se esté desarrollando en el campo específico de la literatura argentina?

Comienza a haber alguna línea de investigación en la cátedra de Literatura Argentina I de Filosofía y Letras. El grupo que trabaja con Cristina Iglesias se ha interesado en el período colonial, en pensar la Literatura Argentina ya no a partir de Echeverría sino tomando en consideración también lo que pasaba antes. Muy en la línea de Ricardo Rojas todavía, muy en la línea de tratar de encontrar “marcas de la argentinidad” en el período más temprano, pero con mayor información, mayor fineza en el análisis de los textos. Hay un avance en ese sentido.



Fuente: Wikimedia Commons

Por otro lado: existe un lugar común que asocia hispanismo a sectores del catolicismo más conservador, y a esto una imagen monolítica de una España que contrasta con la diversidad de América Latina.

Ese es el hispanismo que en su versión más rancia impulsó el franquismo y que empezó a ser contestado ya en la década del 70, en los últimos años de Franco. Hoy ya no se sostiene.

En los centros latinoamericanos donde se estudian estos temas, lentamente se ha producido una apertura al fenómeno multicultural, una apertura al hecho de la enorme variedad que implica la identidad hispánica. Evidentemente hubo un impacto en todo esto porque ya llevamos unos cuarenta años de revisión de esta antigua concepción de lo español.

¿En España también se da esta apertura?

El fenómeno en España es muy diverso. Como suele ocurrir en estos procesos, se termina llegando al otro extremo: el énfasis regionalista es dominante. Así se da que ahora en Cataluña tenés catalán e inglés, y solo después español como lengua -lo cual me parece una absoluta aberración-, hay un impulso muy especial a la investigación regional, que en algún punto permitió recuperar zonas del pasado cultural y literario que antes siempre quedaban en segundo plano, como una literatura aragonesa o una literatura andaluza.

Por otro lado, el enfoque regionalista no deja de ser retrógrado, porque es la reproducción de los parámetros ideológicos de la primera mitad del siglo diecinueve, solo que en lugar de construir el concepto de nación, se construye el concepto de identidad regional. Al final es la misma lógica: en lugar del ser español ahora es el ser catalán, el ser gallego, el ser asturiano.

Eso es al interior de España. Al exterior, ¿cómo se vincularía esto con la disputa por el idioma español?

Es toda una polémica. Mi postura es la siguiente: yo entiendo y respeto perfectamente que ningún español diga que habla español, sino que habla castellano, o que el castellano sea la lengua elegida en común por sus habitantes. Y que luego además de castellano, según donde se viva, se hable el gallego o lo que fuere.

Ahora, nosotros en el mundo americano lo que hablamos es español, porque para nosotros el catalán es una lengua extranjera, y en muchos sentidos el gallego lo es, como también el portugués nos es ajeno como lengua, y a nadie se le ocurriría que todo debe incluirse en una denominación del español. Nosotros nos manejamos con una lengua española, que es una variante de las infinitas variantes latinoamericanas: yo hablo español rioplatense, y mi tradición literaria, mi tradición cultural, se funda en el español rioplatense. No en castellano, porque entre otras cosas, nuestra pronunciación viene de la variante andaluza, o de Extremadura.