Eduardo Barrio

Ideas en clave cosmopolita

Fundamentos de arquitectura

El GAF. Teorías y práctica de grupos

Eduardo Barrio

IDEAS EN CLAVE COSMOPOLITA

Buenos días. Estas entrevistas siempre empiezan con preludios. Entonces, la filosofía analítica. ¿Qué es?

No es fácil decir qué es porque esta preocupación es una preocupación muy endogámica. Es una pregunta que nos hacemos en Buenos Aires o en la Argentina.

¿En el resto del mundo no existe tal región de la filosofía?

En realidad, en el resto del mundo la gente simplemente hace filosofía y las preocupaciones son las clásicas ¿Qué es lo que hay? ¿Por qué la verdad importa? ¿Cómo es posible el conocimiento? ¿Por qué hablamos de filosofía? ¿Qué métodos utiliza la filosofía? ¿Qué rol juegan las intuiciones para justificar las ideas filosóficas? No hay mucho más que eso. No creo que haya un corpus, ni siquiera un conjunto de problemas, que sean algo así como la filosofía analítica. Cuando uno viaja a cualquier parte del mundo, la gente hace filosofía. No tiene mucho sentido preguntarse si es en un departamento que hace filosofía analítica o un departamento que no hace filosofía analítica. Cuando hablo del mundo no hablo sólo de Estados Unidos, que puede ser la situación más obvia. Estoy hablando de Alemania, de Francia, cualquier lugar del mundo al que uno vaya, incluso Europa del Este.

¿Y por qué en Buenos Aires se sigue utilizando esta distinción?

Porque nosotros estamos muy aislados del mundo. Por ejemplo, en Buenos Aires hay profesores que hacen historia de la filosofía. Lo hacen bien, con formación, analizan problemas de manera sistemática, son rigurosos en sus argumentaciones. De ellos, a veces se dice que son analíticos ¿Son analíticos -en el sentido de que trabajan temas vinculados a la filosofía del lenguaje en estrecha relación con la ciencia, como se solía decir de un filósofo analítico? No, en absoluto. En ese sentido, no se puede decir que sean filósofos analíticos. Solamente hacen filosofía. Pero si en Buenos Aires la única distinción que se considera es filósofo analítico o ser nietzcheano, entonces es muy difícil que el paraguas de los filósofos a quienes se los denomina analíticos no termine abarcando prácticamente al noventa por ciento de la gente que hace filosofía aquí. Pero insisto, ésta de “filosofía analítica” es una categoría que ya no existe en ninguna parte, salvo aquí.

Si hoy no hay filosofía analítica sino, simplemente, filosofía ¿En algún momento hubo filosofía analítica?

No soy un especialista en la historia de la filosofía. Pero digamos que la filosofía analítica era algo que se hacía en Estados Unidos e Inglaterra previamente a la segunda guerra mundial. En ese momento, había dos formas claras de hacer filosofía: la inglesa y las del resto del continente, sobre todo. Las principales universidades alemanas y las principales universidades francesas hacían filosofía de una manera muy distinta a como se hacía filosofía en Oxford y en Cambridge. Entonces, en esos años uno podía ver realmente dos cosas distintas. Y tenía sentido hablar de filosofía analítica.

Pero nótese que si analizamos esa misma situación en años anteriores, esa clasificación no se sostiene. En Alemania estaba Frege y toda la gente que hacía ese tipo de filosofía que podría llegar a asimilarse con lo que hacían los ingleses. Incluso, la gente que hacía fenomenología estaba sumamente emparentada, por la temática y por la forma de hacer filosofía, con la gente que posteriormente siguió reflexionando sobre cuestiones de lenguaje y ese tipo de cosas.

Entonces, aquello que llamamos filosofía analítica me parece que fue un fenómeno muy particular previo a la segunda guerra mundial. Después de la segunda guerra mundial se produjeron cambios muy importantes en la cultura, entre otras razones, por la inmigración forzada de intelectuales europeos a Estados Unidos. El encuentro de gran parte del foco del arte y la filosofía en Estados Unidos unificó, con todo lo bueno y lo malo que pueda tener.

Pensando en aquel momento en que tenía sentido hablar de filosofía analítica ¿Te parece que hay algo de ese programa que hoy sigue vigente o sigue siendo valioso?

Tengo el temor de que cualquier cosa que diga, en realidad, la consideraría propia de la filosofía en general, antes que característico de la filosofía analítica. El rigor argumentativo y la obsesión por la claridad es algo que uno puede rastrear en casi toda la historia de la filosofía, de los buenos filósofos. Por supuesto, esto es un poco polémico, pero creo que es así. Particularmente, yo siento que reflexiono sobre los argumentos. Trato de enseñarle a la gente a discutir argumentos. No es algo muy distinto a lo que nos enseñó Aristóteles.

¿Y por qué en algún momento se oscureció la expresión de un sector de la filosofía?

Hay una fascinación por lo no claro y, a veces, por la imposibilidad de describir con claridad ciertos problemas que están más allá de lo que podemos decir con precisión. Supongo que es eso. A todos nos ha gustado en algún momento. A mí también me ha gustado, en algún momento, fantasear con la idea de buscar problemas que no se puedan expresar. Sigo fantaseando con esa idea pero de una manera que seguramente, vista desde afuera por los que realmente se ocupan de esas cosas, no sería muy atractiva. La filosofía siempre está buscando sus propios límites. Aunque, ciertamente, no veo por qué lo deberíamos hacer con una expresión oscura.

¿Y por qué aquella filosofía analítica y sus seguidores han estado históricamente asociados al liberalismo?

En realidad, hay algo extraño en todo esto, porque si uno analiza la historia de dónde surge la filosofía analítica, probablemente tenga que ver con lo que se llama o se llamó el “Círculo de Viena”. Entonces, lo primero que tiene que decir es: la filosofía analítica no nace ni en Estados Unidos ni en Inglaterra, nace en Austria. Lo cual es extraño, o sea, nace en el continente y fundamentalmente con gente que era austríaca o alemana y que se opuso al nazismo no desde el liberalismo sino desde el socialismo

¿No hay, entonces, un vínculo intrínseco o, al menos programático o tradicional, entre filosofía analítica y liberalismo, como dice Popper al señalar que si uno se toma en serio el debate racional, y si uno entiende que la filosofía analítica es el programa filosófico del racionalismo occidental, uno tiene que comprometerse con ciertos postulados del liberalismo?

No.

Sin embargo, acá en Buenos Aires, en la UBA, la que se llamaba filosofía analítica, la filosofía al modo de Estados Unidos e Inglaterra, siempre fue desarrollada en la Facultad de Derecho. En ese sentido ¿Cómo fue el encuentro de esa tradición de la facultad de Derecho con esta carrera de Filosofía?

Dos de las personas que empezaron a hacer filosofía analítica en la Argentina en los años 60 Eduardo Rabossi y Carlos Alchourrón venían del lado del derecho. Klimovsky, por otra parte, venía de las ciencias exactas. Y algunos otros no venían de ninguna parte. Ha habido un vínculo contingente, aun a investigar, entre la filosofía que se empezó a hacer en el Instituto Gioja en la Facultad de Derecho y lo que empezó a pasar en la Facultad de Filosofía y Letras en los ’60, específicamente en el Instituto de Filosofía bajo la dirección de Mario Bunge.

¿Y hoy esas tradiciones dialogan?

Hay algunos encuentros entre esas tradiciones, más en el ámbito de la gente que hace filosofía del derecho y filosofía política. Yo tengo más diálogo con la gente de Exactas, mayormente con la gente de Computación. Algunas de las personas que ahora están trabajando en computación en Exactas fueron parte del grupo de Alchurrón, cuando él estaba en la Facultad de Filosofía y Letras.

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Para vos, la comunidad filosófica argentina, digamos ¿Existe?

No, no existe. Aunque sí hay micro-comunidades. Hay gente que tiene contactos entre sí; hay proyectos que tienen contactos entre sí; hay un evento nacional, que se produce una vez cada dos años, que es el Congreso Nacional de Filosofía; hay una asociación que, en general, tiene gran incidencia en la filosofía, que es AFRA, que tiene incidencia en la Ciudad de Buenos Aires, en Rosario y en Córdoba.

¿Eso no es una comunidad?

No. Una comunidad es un conjunto de gente que discute una serie de problemas en común y que, para eso, lee lo que hacen los otros y está dispuesto a refutarlos o aceptarlos, dando mejores razones.

 

Y eso no existe en nuestro país. No quiero decir que no haya gente que haga esfuerzos. Sí la hay. Pero no es algo generalizado ni, mucho menos, colectivo, como para que podamos afirmar que hay una comunidad.

¿Pero por qué la gente no se lee?

Yo creo que no hay instancias. Si yo escuchara todos los viernes lo que mis colegas están haciendo, probablemente estaría obligado a escucharlos y a interesarme. Pero no hay mucho incentivo para el contacto.

¿Cómo sería ese contacto?

Hay muchísimas prácticas preestablecidas en todas las universidades del mundo. A nosotros en la UBA nos faltan algunos rituales, claramente. Por ejemplo, un seminario del Departamento de Filsofofía. Que falte esto es impensable en cualquier parte del mundo. Todo departamento que quiera mejorar tiene una reunión regular –semanal, quincenal- en la cual sus profesores e invitados presentan sus trabajos. Eso me permite saber qué están estudiando mis colegas.

¿Qué cosas hacen falta para construir la comunidad argentina?

Por supuesto, faltan cosas, y hay cosas que es inverosímil que falten. Por ejemplo, en la Ciudad de Buenos Aires no hay un lugar para hacer un congreso importante. Está la Biblioteca Nacional, que tiene su auditorio mayor y otras dos salas. Pero eso no es suficiente para hacer un congreso. Además está la Biblioteca del Congreso tiene algo, en el Centro Rojas también tenés algo. Pero ninguna se ajusta. No hay ninguna institución en la Ciudad preparada para recibir eventos importantes muy participativos

Por eso cada vez que hay un congreso, hay que hacerlo en la Facultad de Derecho o en la de Ciencias Económicas. Pero hay que hacerlo cuando no hay clases lo que significa que muy probablemente los estudiantes no vayan a estár ahí.

Hay problemas materiales muy concretos.

Claro. Otra cuestión: los investigadores no tenemos un lugar para trabajar. Es impensable que uno esté discutiendo con sus pares si no comparte un espacio físico con ellos. En cualquier parte del mundo, la gente tiene una oficina. Por supuesto, cumple un horario, relativamente libre, porque los filósofos son más o menos lo mismo en todas partes, pero la gente está en el lugar. Eso haría que los estudiantes puedan hablar con ellos, y no los vean como gente que va a dar una clase y se va; haría que yo pueda discutir con mis colegas, que les pueda preguntar sobre sus temas y sobre los míos. Y esto tanto en situaciones formales -como un seminario- como en situaciones informales -como encontrárselo en la oficina contigua.

Para todo esto hace falta más dinero.

Siempre hace falta más plata, siempre. Pero no quiero caer en esa idea fácil. Nosotros deberíamos demostrar que merecemos gastar esa plata. La Argentina es un país con dificultades económicas históricas y no está claro por qué su prioridad deberíamos ser nosotros. En este sentido, no veo por qué habrían de darnos más plata si nosotros no nos esmeramos para mostrar que realmente hacemos falta y que estamos haciendo algo realmente importante.

¿Quiénes podrían componer esta comunidad filosófica argentina?

En la UBA el primer deber es terminar con la idea de que hay un solo departamento de filosofía que es el de la UBA. Eso no es cierto. No hay un solo departamento. Ése es el imaginario de los porteños y, seguramente, habrá sido mi propio imaginario en algún momento. Pero si uno reflexiona, la afirmación se se revela falsa. El Departamento de Filosofía de Córdoba, por dar un caso, es un muy buen departamento. Debería ser una alternativa para quienes viven en la Ciudad de Buenos Aires. Debería estar en el imaginario de un porteño la posibilidad de hacer un grado o un doctorado de la Facultad de Córdoba. Lo mismo al revés, lógicamente. El Departamento de Filosofía de la Universidad de La Plata, otro tanto. Quilmes es, por dar otro caso, un muy buen lugar para estudiar filosofía de las ciencias, en un departamento fundado por Mario Albornoz, siempre vinculado a la filosofía de las ciencias y la tecnología.

Ahora bien, más allá de las condiciones materiales ¿Hay una preocupación entre tus pares para construir una comunidad?

No sé si tanto como construir una comunidad. Pero ha ganado espacio la idea de trabajo grupal. En los últimos diez años –por lo menos-, el Estado ha aplicado el modelo de la producción científica a todas las disciplinas intelectuales. Por lo que, tanto en CONICET como en Agencia, el que no se asocia pierde. Pero, sin embargo, no me parece que haya una preocupación muy extendida por construir la comunidad filosófica argentina

¿Y cómo es esta discusión en la UBA?

Lo raro de nuestro departamento es que no hay una planificación respecto de lo que queremos hacer. Nosotros no tenemos una discusión seria respecto de qué tipo de departamento queremos tener. Y hablo del Departamento de Filosofía de la UBA, pero esta misma idea la podemos extrapolar a la comunidad de filosofía de Buenos Aires, o incluso a la comunidad de la Argentina. Esto no quita que haya gente que sepa muy bien qué quiere y a dónde va. Pero no es un planteo general. Todo sale como sale. Y no es claro que las instituciones deban ir la deriva ¿No?

Pero considerando la variedad de tradiciones que allí conviven ¿El Departamento de Filosofía de la UBA podría tener un sentido?

Para mí, el sentido que debería estar dado por qué tipo de profesores querés que jueguen en ese plantel. Y ésa es una discusión que no se puede dar. Quiero hablar más claro, porque así estoy siendo demasiado oscuro. El sistema de contratación de profesores que tiene la Universidad de Buenos Aires como es el sistema de concursos. El sistema de concursos es resultado de una lucha política, social vinculada a la reforma de principios del siglo XX. En ese momento, seguramente fue un gran avance el lograr que esa institución fuese el reemplazo natural del dedo de los que en ese momento estaban a cargo de las instituciones universitarias. Ahora bien, pasaron muchos años, casi cien. Y resulta difícil ver que en otros departamentos de filosofía el sistema de elección de profesores sea parecido al que tenemos nosotros. Que de hecho no tenemos, porque como ustedes saben, no funciona.

¿Cuáles serían las notas del profesor  que a vos te gustaría que defina el perfil del Departamento de Filosofía?

Lo fundamental es que haya estándares que sean internacionalmente homologables, para salir de lo endogámico. La Argentina trabaja mucho con la idea de que sólo hay que contratar argentinos. En realidad, somos más endogámicos que eso aun. La idea que prima en el Departamento de Filosofía de la UBA es que éste debería nutrirse solamente de lo que ést Departamento de Filosofía produce. Y eso no tiene ningún sentido. La representación típica que todos tenemos, que yo mismo tengo o he tenido en algún momento, es que “yo debería estar acá en la UBA, éste es mi equipo, y no hay ninguna otra posibilidad en el mundo respecto de dónde yo debería estar”. Y eso es muy raro, porque no pasa así en otras partes. Y es una idea que causa tensiones terribles porque si todos quieren estar en ese lugar evidentemente no todos van a poder hacerlo.

¿No podemos pensar que sea una política prudente de parte del Departamento de Filosofía de la UBA de Buenos Aires conservar la fuente de trabajo de para los propios graduados?

Yo creo que la Argentina tuvo que ser muy cuidadosa y aplicar políticas de ese tipo en los ochenta. Los finales de los setenta y principios de los ochenta fueron fatales para la universidad y para el país. Entonces, evidentemente, había toda una generación que necesitaba compensaciones y que no estaba lista para salir a la gran disputa internacional. El sistema universitario en la Argentina venía atrasado desde bastante antes de la dictadura militar, y con la dictadura militar fue absolutamente destruido. No había siquiera un sistema de doctorado que los profesores más o menos respetasen. Casi nadie del staff tenía un título homologable a lo que internacionalmente se espera que un profesor universitario tenga. Entonces me parece que se aplicaba el argumento del cuidado. Yo mismo lo he aplicado y lo he defendido, en el contexto de los primeros años de la democracia.

¿Y ahora?

¿Cuántos años pasaron de esto? Muchos. Voy a ser crudo: la verdad es que mi generación, si no está preparada, debería estarlo. Si aun no estamos preparados para la competencia ¿cuándo vamos a estarlo?

¿Y cuáles serían algunos pilares para construir un programa de reforma de la comunidad filosófica?

Es difícil ver. Yo tuve varias experiencias políticas en la universidad, pero debería decir que actualmente soy muy escéptico, lamentablemente. Siempre me pareció que hacer política para mejorar las cosas era un deber. Pero, con el tiempo empecé a pensar en experiencias micro, no macro, no en proyectos tan ambiciosos como la política. Entonces, empecé a trabajar tratando de producir cambios a nivel micro lo que quiere decir a nivel de lo que yo hago y de lo que me rodea inmediatamente.

Pero insistimos ¿Qué innovaciones podrían plantearse?

Hablé del seminario del Departamento. Algo muy simple pero potente. Por otro lado, una de las peores cosas que tiene la Universidad de Buenos Aires es el sistema de cátedras.

¿Por qué?

No puede funcionar. Esa idea es absurda, completamente absurda.

¿Y cómo debería ser?

Como es en todas partes del mundo, incluyendo Brasil, Chile, México, por supuesto Estados Unidos, Inglaterra y el resto de Europa; los ejemplos que quieras. Vos tenés profesores que dan sus cursos y ya no necesitan la cátedra. Por supuesto, en el marco de una planificación del departamento. Eduardo Barrio, por ejemplo, dando lógica todos los cuatrimestres con un ejército piramidal que supuestamente dirige para hacer no sé qué cosa, no es algo que se necesite para nada. Eso está pensado para otra idea de universidad que ya no existe. A todas las generaciones la cátedra las aplasta, cohíbe sus libertades y genera mecanismos que cuyo resultado más notable son disputas, guerras y discusiones estériles e inútiles. Nada de filosofía. 

EL GAF. TEORÍA Y PRÁCTICA DE GRUPOS

Parte de la idea del portal es hacer una contribución, aunque muy modesta, a la difusión de la historia del campo intelectual argentino. No sabemos si alguien habrá de escribir el libro del Grupo de Acción Filosófica; mientras podemos dejar algo. El GAF ¿Qué es?

El GAF es un grupo filosófico que trató de armar una comunidad dentro da la no-comunidad. Es una pequeña micro-comunidad de gente que tiene intereses en común y trata de producir filosofía.

¿Cuál fue su intuición inicial?

La idea que tuvimos en ese momento, cuando muy jóvenes, era que nos resultaba muy extraño lo que pasaba en la filosofía: la filosofía era un lugar en donde uno producía textos que no iban a ser leídos por nadie. Imaginen una situación en donde uno produce textos para que no sean leídos. Un horror. Con excepciones -por supuesto estoy haciendo generalizaciones que seguramente sean injustas con mucha gente-, en ese momento los profesores no tenían la idea de producir filosofía para que sea leída. 

Entonces, una de las ideas iniciales, muy simple, fue: “¿y por qué no hacemos que aunque sea me lean dos o tres personas?" Comenzamos con quienes estaban a nuestro alrededor: “Yo digo lo que estoy haciendo y luego el otro hace lo mismo”. 

¿Cómo fue el desarrollo a partir de ese inicio?

Tuvimos suerte porque desde el inicio todo salió como un grupo de amigos. Con amigos, era muy fácil trabajar en un proyecto de esta naturaleza que seguramente iba a tener muchos traspiés en el medio. Ahora, como pasa con estas cosas, ya no somos un grupo de amigos. Por suerte, el grupo se ha ampliado muchísimo y se ha transformado. De las personas que originariamente pensamos en esto, algunos no están en la Argentina y los que estamos en la Argentina, dirigimos proyectos y tenemos responsabilidades. Hoy por hoy, el GAF es un grupo que ofrece las posibilidades para desarrollar intereses filosóficos, es un grupo que da un entrenamiento muy importante, que forma en un conjunto de herramientas. Es un lugar para discutir y presentar ideas con ciertas normas que están claras y explícitas.

¿Qué entrenamiento, qué herramientas, qué normas?

Hoy por hoy, el grupo es tan diversificado que ni siquiera hay un único tipo de entrenamiento. Yo puedo hablar del entrenamiento que hacemos en lógica, que es particular. No necesariamente todos los miembros del GAF están recibiendo este tipo de entrenamiento. La gente de lógica, por supuesto, tiene seminarios de lógica. Hacemos cosas que tienen que ver con desarrollar determinadas líneas de investigación. Particularmente, nosotros tenemos un seminario de entrenamiento, que no es un seminario temático, que es un seminario en donde los asistentes exponen sus trabajos semanalmente. Pero, a diferencia de lo que sería un seminario ordinario para entrenarnos. Hay determinadas reglas de presentación de los trabajos. Por ejemplo, está terminantemente prohibido en el seminario leer. Una presentación no es una lectura de un artículo. No se puede leer un artículo en frente de la gente; eso no es una presentación, es un artículo. Eso que no podría pasar prácticamente en ninguna parte del mundo en la Argentina se ve mucho. Pero eso hay que enseñar otra cosa. Porque desde chico se enseñan -o no se enseña nada- que lo que uno tiene que hacer es ir a leer un artículo de cinco páginas; por lo que si se esfuerza y hace las cosas bien, el día de mañana va a llegar a ser un excelente lector en voz alta. Pero no va a hacer una presentación.

Entonces, volviendo, en este seminario ensayamos presentaciones de otra naturaleza, utilizamos diferentes medios de exposición. Otra cuestión que practicamos es la prohibición total de presentar ideas de otros. En el seminario se discute exclusivamente lo que cada becario trabaja. No se producen cosas fagocitantes sobre cosas de otros. Me parece que eso es esencial para tratar de producir cosas propias. Por supuesto, en cada uno de los casos, los temas son muy especializados, así es la filosofía hoy en día, pero eso se entrena.

¿Entrenamiento para qué?

Lo que nosotros nos hemos propuesto, en los últimos cinco años, es ser muy visibles a nivel internacional. Mi principal objetivo de los últimos cinco años es hacer que el área de lógica del Departamento de Filosofía de la UBA sea un área que se conozca en los más importantes centros de enseñanza de lógica del mundo. Para eso, hay que cumplir determinados estándares. Para eso, hay que tener proyectos de colaboración con los principales lugares del mundo. Para eso, hay que discutir con ellos. Para eso, por supuesto, hay que publicar en las mejores revistas del mundo.

¿Y tuvo resultados todo ese entrenamiento?

Ciertamente, sí. En el área en la que yo me manejo, Argentina no lograba publicaciones de alto impacto desde la época de Alchourrón. Esa era la situación, o sea, Alchurrón publicaba en el Journal of Philosophical Logic. Pero desde esa época, no ha habido más instancias de investigadores locales que pudieran romper la barrera de entrar en las mejores tres revistas del mundo. Nosotros nos propusimos romper esa barrera. Y la rompimos doblemente, porque en la actualidad, Lavinia Pícollo –una becaria que participa del seminario de lógica del GAF- y yo logramos publicar en dos de las más importantes revistas del mundo. Eso es un logro. Pero lo principal es que, en el área en donde nosotros trabajamos, los departamentos importantes están en Alemania, en Inglaterra y en Estados Unidos, fundamentalmente. Habrá una lista de diez departamentos importantes, y yo diría que hoy de los diez, ocho o nueve tienen contacto relativamente bueno con nosotros, saben lo que estamos trabajando. Por supuesto, no piensan que somos los mejores del mundo, pero saben que trabajamos, que somos serios, que producimos buenos doctores y que publicamos en los lugares donde hay que publicar.

Volvemos a preguntar ¿Para qué abocarse a este desarrollo, a esta perspectiva del trabajo filosófico?

Bueno, consideramos que es lo que tenemos que hacer, lo consideramos nuestro deber. El Estado argentino ha invertido dinero, desde el retorno de la democracia hasta estos días, y mi función fundamental es hacer que la Argentina esté en los primeros lugares del mundo en cuando a la producción en lógica.

¿Y cómo surgió el GAF?

Me va a costar recordar esto, pero creo que más o menos por el año ’97. Por esa época esto era un poco diferente. Pero en un lugar muy semejante a éste, en una oficina de esta facultad. Nos empezamos a reunir. Todavía éramos estudiantes. Y empezamos a discutir cosas que estábamos empezando a trabajar. Eso continuó. Yo no sé si eso fue el origen del GAF, porque ni siquiera nos llamábamos GAF, éramos gente que necesitaba escuchar al otro y discutir con el otro. No nos propusimos cambiar el mundo ni siquiera o el Departamento de Filosofía. Fue más una necesidad. De otra manera, perecemos. Yo no sé si hubiese soportado la idea de estar en una actividad en donde uno produce algo que no va a ser leído por nadie. Entonces, fue más bien una necesidad.

¿Quiénes?

Los que empezamos fuimos Federico Penelas, Eleonora Orlando, Juan Comesaña, Carolina Sartorio y quien les habla.

¿Y qué logros pensás que tuvieron desde el ’97 para acá?

Mirá, la cantidad de visitas a nivel internacional, tanto de gente del GAF a los principales centros internacionales como la gente que ha venido aquí, esto es un logro realmente importante. Contactos internacionales hacia todas partes. La primera etapa del GAF estuvo fundamentalmente centrada en solidificar nuestros contactos con Latinoamérica y con España. En esa época se lograron cosas significativas. Ayudó mucho, por supuesto, el cambio cultural en Brasil, que fue enorme desde esa época. Brasil era un lugar en donde era muy difícil que se mirara hacia afuera, y eso cambió drásticamente. Hoy hay toda una generación, toda mi generación se conoce con la gente de la misma generación en Brasil. Lo mismo con Chile, Colombia y con Perú. No quiero olvidarme de Méjico, claro. Pero, en realidad, con Méjico la situación es previa, fundamentalmente vinculada a los exiliados durante la dictadura militar. Méjico es uno de los lugares a los que, cuando vamos, nos sentimos en casa.

¿Y lo local?

Estar acá y que eventualmente la gente se contagie es como existir. O sea, yo estudié el grado en la Facultad, estudié el doctorado en la Facultad. En diversas etapas de mi vida, tuve la posibilidad de irme a estudiar o a trabajar al exterior, y siempre decidí estar acá. Y estoy acá porque tengo una relación de amor con todo esto y por un deber hacia el Estado argentino. El Estado argentino me dio educación gratuita, muy buena, y muchas posibilidades. Debo, entonces, trabajar mucho para tratar de pagar en parte todo lo que el Estado argentino hizo por mí.

¿Qué innovaciones te parece que trajo el GAF a la comunidad de la UBA?

Para mí, la idea de grupo. La idea de grupo no existía, aunque suene raro atribuirse algo tan trivial como eso. Pero creo que antes de nosotros, la gente de la filosofía lo veía mal Era algo de la ciencia. Yo nunca tuve ese prejuicio. Además, siempre me encantó la ciencia. Así que nunca sentí que, si hacía algo que hacían los que hacían ciencia, yo estaba traicionando los mandatos de la filosofía, nunca me sentí así. Trabajar en grupo para mí eso siempre fue algo natural.

¿No lo era?

Para mucha gente no. Para mucha gente la filosofía era algo muy distinto, una práctica que fundamentalmente se hacía en un café, en un escritorio, en soledad. Y pienso esa idea se asocia a no leerse unos a otros. Para mí, al contrario, los grupos fueron muy naturales, desde que era estudiante hasta el día de hoy. Siempre sigo generando grupos de gente que se junta a discutir filosofía. Me parece que es más fácil producir cosas creativas cuando uno está con gente e intercambia ideas. Creo que el GAF aportó un poco a eso.

Y hoy ¿Qué discusiones plantea a la comunidad filosófica?

Hoy, muy pocas, más que nuestra existencia. Cuando digo “nuestra existencia” digo: hay un grupo de gente que está produciendo filosofía, que trata de hacerlo de la mejor manera posible, con resultados que nos alientan. Si yo no estuviera en el GAF, estaría atento a lo que hace esa gente, porque en general estoy atento a lo que hacen los otros, y sobre todo si les va bien. Tendría que ver por qué les va bien. En parte de la historia, para ser sincero, la gente pensaba, o piensa, que nos va bien porque hacemos no sé qué cosas extrañas, mágicas o turbias. Todo es mucho más sencillo: nos va bien porque trabajamos mucho. Nos gusta lo que hacemos. Es una obligación, como decía antes, por todo lo que le debemos, o lo que yo le debo al Estado. Y hago lo que me gusta, no me puedo quejar.

¿Cuáles son los socios del GAF?

Si pensamos en el proyecto de armar una comunidad filosófica local, y que la Argentina sea un lugar en donde se produzca buena filosofía,  eso no lo puede hacer el GAF solamente ni ningún otro grupo aislado. Así que a mí me encanta que a todos los demás que no están en el GAF les vaya bárbaro. La verdad es que lo mejor que podría pasar es que tengamos a nuestro alrededor cincuenta millones de grupos. O sea, cuanta más gente haya trabajando bien, discutiendo y produciendo cosas al mejor nivel, mejor va a ser para todos nosotros.

Colaboraron con esta entrevista: Santiago Armando, Diego Tajer

 

Eduardo Barrio es Profesor de Lógica en UBA e investigador de CONICET. Es director de un grupo de investigación en colaboración con la Universidad de Oxford y fue profesor visitante de MIT.  Dirige la colección “Enciclopedia Lógica” de EUDEBA y es uno de los miembros fundadores del Grupo de Acción Filosófica, emblema de lógica y análisis filosófico en la UBA