La políticas ciéntificas en la Argentina actual. El lugar de las ciencias sociales y humanas

Por Federico Vasen

En la guía "El recorrido tipo de un investigador" hemos descrito en términos generales cuál es el modelo de carrera académica que está vigente hoy en día, lo cual no quiere decir que es la única posible o que sea defendible en su conjunto. El diseño no es tampoco un invento argentino, sino que responde a la organización del sistema científico mundial, que establece por ejemplo el requisito del doctorado.

Su estructura responde en mayor medida al campo de las ciencias biomédicas, exactas y naturales antes que a las ciencias sociales. De hecho, el desarrollo de las ciencias sociales en Argentina ha sido mucho más intermitente que el de las ciencias duras. El CONICET prácticamente no contaba con investigadores de planta en esas áreas hasta el retorno de la democracia en 1983, aunque sí había otorgado algunas becas externas durante la década de 1960. Creada bajo la influencia de Bernardo Houssay, esta institución estuvo siempre dominada por las ciencias biomédicas (incluso en desmedro de las Cs. Fisicomatemáticas). Durante la última dictadura militar, los proyectos financiados en ciencias sociales fueron prácticamente inexistentes.

Hoy el sistema científico está fuertemente orientado a fomentar los procesos de innovación tecnológica, se piensa a la investigación científica como un requisito para formar capacidades en la industria nacional y que esto redunde en la agregación de valor a los productos nacionales para el mercado local y fundamentalmente para tener una economía más competitiva a nivel regional y mundial. A ello apuntan por ejemplo las políticas para la radicación de investigadores en empresas privadas o los aportes no reembolsables (subsidios) para empresas innovadoras. También se fomentan los vínculos universidad-empresa y la incubación de compañías conocidas como spin-offs (desprendimientos de equipos de investigación). Éste es el fundamento de las políticas de ciencia y tecnología de los últimos años, en los cuales ha habido un aumento importante de la cantidad de becas en todas las disciplinas. Cabe preguntarse entonces por el lugar de las ciencias sociales y humanas en este panorama. ¿Qué pueden aportar estas disciplinas a los procesos de innovación tecnológica que se estimulan desde las políticas? La pregunta es difícil, pues las ciencias sociales están fuertemente marcadas por una perspectiva anti-mercado, que entra en contradicción con los fundamentos de las políticas que promueven su desarrollo. Desde las políticas, se pretende que los científicos sociales puedan colaborar como expertos en procesos de formación de políticas públicas (salud, educación, vivienda, cultura) y puedan configurarse también en una suerte de apoyo a los procesos innovativos, estudiando sus marcos y condicionantes sociales. Sin embargo, al igual que sucede en las ramas más puras de las ciencias duras, en las ciencias sociales existe un conjunto de conocimientos cuya investigación no puede justificarse por referencia a beneficios inmediatos para la economía y las políticas públicas. Si bien esta infraestructura básica es la que posibilita en buena medida el surgimiento de otras líneas más aplicadas, es también el sector que corre más riesgos a la hora de los recortes presupuestarios.

Más allá de todo esto, y en términos ya de opinión personal, creo que sería interesante que todos los científicos puedan pensarse ellos mismos como sujetos políticos, y a su actividad como una actividad política, que es financiada por el común de la sociedad, y en tanto tal, reflexionar sobre cuáles serían los aportes, por más mediatos que sean, de sus líneas de trabajo al desarrollo del país.

Federico Vasen es Profesor de Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y Becario Tipo I del Conicet. Está desarrollando su doctorado en el area de Epistemología sobre las políticas científicas de la UBA en los años 90

1 comment

Leonardo Funes (visitor) dice:

Quisiera hacer una aclaración a la nota del Prof. Vasen, cuyas consideraciones finales comparto plenamente. Durante la última dictadura militar el área de las ciencias humanas tuvo un crecimiento relativo mayor que el de las otras áreas de las ciencias. Precisamente, un modelo de dependencia económica no era el más propicio para el desarrollo científico independiente. En cambio, había interés político por un aliento a cierta concepción humanística de derecha. Como los resultados casi nunca coinciden exactamente con las intenciones -en este caso, afortunadamente-, esto abrió la posibilidad para la aparición de algún que otro grupo de investigación valioso, que no comulgaba con las políticas reaccionarias vigentes. Por la modalidad de funcionamiento del Conicet, que no se modificó hasta finales de los años 80, no había, en rigor, financiamiento de proyectos. Pero sí había ingresos a carrera de investigador, becas y creación de grupos de trabajo, bajo la forma de "programas". Una de las tareas de la nueva conducción de la política científica que llegó con Alfonsín fue desmantelar, con todas las dificultades del caso, algunas iniciativas en el área de las ciencias sociales, como el mega-instituto en ciencias de la educación ubicado en Rosario, bajo la dirección del ministro Bruera. Estoy relatando de memoria; de modo que no puedo asegurar la exactitud de este último dato. En todo caso, sería interesante revisar los archivos para una visión más ajustada de lo que ha sido el desarrollo de las ciencias humanas y sociales en el ámbito del Conicet.